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Sábado, 11 Noviembre 2017 09:53

Netflix: resolvió el dilema de Kevin Spacey inspirándose en Cristina

Por El País Diario

El despido de su protagonista no tiene por qué ser el final de "House of Cards": la sórdida historia del kirchnerismo es una fuente de inspiración para la serie.

Bajo el doble impacto de los abusos de Kevin Spacey y la decisión de Netflix de dar por terminada su serie insignia "House of Cards", el martes 7 posteé en mi Twitter: "Una idea para Netflix: hacer morir a Frank y hacer de Claire

Underwood una viuda sociópata, mitómana y ladrona que gobierna 8 años más." Apenas 135 caracteres, un chascarrillo y de paso un intento de demostrar que no hacen falta los 240 con que Twitter quiere suicidarse.

48 horas más tarde el tuit tenía 500.000 impresiones, más de 5000 RT, más de 11.000 Likes y 200 insultos explícitos. Además, un cúmulo de sugerencias argumentales todas dignas de ser tenidas en cuenta. Azuzada mi natural inmodestia por tamaña respuesta, tuve el impulso de explayarme en una nota con las reflexiones que el tema merece.

Ya la versión británica de la serie, en los 90, había desnudado los mecanismos de poder de fines de siglo, y si bien aquella "House" se refería a las intrigas en el Parlamento (House of Parliament), exhibía la misma perversidad que esta "House of Cards" americana, que mostró una realidad que no sé si se ha advertido adecuadamente: las series se han convertido en el periodismo del siglo XXI. Sin el trabajo de tener que conseguir un par de fuentes. El streaming las viralizó hasta ser más potentes y convincentes que cualquier noticia.

La ópera prima de Netflix, un boom histórico, fue un upgrade muy importante de su premake: a la corrupción, el asesinato y otros delitos como instrumentos políticos válidos y permitidos, se agregó el cinismo fino de la pareja Underwood y algo más: la impunidad y complicidad de la mirada de Frank, que constantemente busca y encuentra la admiración y aprobación del espectador. Y la emulación. Todos fuimos Frank Underwood. Todas soñaron con ser Claire. El detalle de que se estaba mostrando a dos canallas era eso, un detalle.
 
Frente al hecho inexorable de que la empresa ha decidido hacer desaparecer a Spacey, (en sentido figurado) también ha decidido hacer desaparecer a Frank. Entonces me pareció que con nuestra proverbial capacidad de atarlo todo con alambre, pero también de ser precursores de tantas ideas geniales, podíamos ofrecer una solución que resolviese la ecuación imposible que permitiese continuar con la serie, pero sin la figura del presidente. Wind to wind.

Imaginemos la escena. Un día cualquiera, luego de una semana de mucho trabajo urdiendo varios complots en Camp Davis, (Kevin-Frank se había ido en secreto con un novio) Claire llega a reunirse con su cómplice – perdón, su marido.

Entra directamente a su cuarto, deshace su maleta, se da un baño, se pone una robe larga para tapar las largas piernas de Robin Wright, se sirve un trago y prepara otro para Frank y va a buscarlo. Cuanto entra a su cuarto se ve su cara entre angustiada, asustada y shockeada. Su mano deja los vasos sobre una cómoda (es demasiado fría como para dejarlas caer) y corre hacia una figura envuelta en una bata de seda negra que se esboza en el suelo. A su lado, apenas unas gotas de sangre y una mano aferrada aún al cubrecama, último y vano intento de no desplomarse ante el fulmíneo infarto posviagra.

Fuente: Infobae