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Miércoles, 08 Agosto 2018 18:40

Cine: Tarkovski, el hombre que modelaba sobre el tiempo

Por Juan Carlos Carta

Cuando el cine no es documento, es sueño.

Por esto Tarkovski es el más grande de todos.

Ingmar Berman - Linterna Mágica

Hablar del cine de Tarkosvski, es para el que escribe estas breves notas, hablar de un poeta, de un músico, de una mente lúcida que puede hacer visible en imágenes aquello de lo que nos habla la metafísica: hay Dios en Tarkovski, hay existencia. Hay también, lo que es pertinente a las regiones del sueño y el deseo.

Si el cine alguna vez quiso ir más allá de lo que cuenta en sus historias, de los personajes memorables, de la belleza de las imágenes; si alguna vez trascendió todo esto, lo hizo de la mano de Andrei Tarkovski.

Este realizador nació en 1932, en una Rusia manipulada por las ideas del “Realismo socialista”, tanto como de la desmesura de Stalin. Creció en un momento histórico en el que los artistas sufrían la persecución si no se amoldaban a las ideas del régimen. Eisenstein, Mayakovski, Meyerhold, Zinaida Reich, como tantos otros, sufrieron la presión, la angustia y, alguno de ellos, la muerte, por pensar de manera diferente a las preceptivas que imponía el Estado.

Felizmente, Tarkovski, comienza su producción cinematográfica, después del fallecimiento de Stalin. No sin problemas y a pesar de que muchos de sus films son prohibidos, su actividad artística se desarrolla durante la Guerra Fría, en la era Kruschev y luego durante el gobierno de Brezhnev.

Ya con sus primeras realizaciones: “La aplanadora y el violín” y “La infancia de Ivan”, las dos de 1960, se percibe que se está ante la presencia de un cineasta de mucha importancia. Pero serán, primero “Andrei Rublev” (1966) en donde filma la vida del pintor de iconos medieval, y luego en la década del 70, con “Solaris”, “El Espejo” y “Stalker”, que su fama se hará mundial. Esta consagración lo ubicará para siempre en como una estela luminosa en la historia del cine. Como aquel que de una vez y para siempre le dará un estatuto de arte esencial al cine.

La idea de un planeta pensante, de un ser universal o al menos planetario, que puede influir en los recuerdos de los hombres y desde allí, crear materialmente sus deseos más recónditos, es el tema de Solaris. El texto de Stanislav Lem, le sirve a Tarkovski para indagar sobre la vida, los recuerdos, la muerte, el ser, la existencia. Valga sólo un ejemplo de dicha potencialidad poética: el protagonista de Solaris, que ha perdido a su mujer amada en la tierra, en el nuevo planeta, la vuelve a constituir a imagen y semejanza de aquella otra, la muerta.

Con menos de diez títulos, debido a una muerte temprana a los 54 años, Tarkovski se inscribió para siempre en la historia del cine, del arte, del pensamiento. Hay un libro que aparece póstumamente, “Esculpir en el tiempo” en donde despliega una profunda reflexión sobre la estética y la poética del cine. La idea de crear un flujo de tiempo individual para la creación, de que el cineasta debe actuar como el escultor ante su materia, pero arrancando, cortando, desechando trozos de tiempo, es una maravillosa imagen para definir todo lo que comprende el arte cinematográfico.