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Domingo, 04 Noviembre 2018 16:16

José Campus por Juan Carlos Carta

Por Juan Carlos Carta

Conocí al poeta José Campus hace más de treinta años. Yo era un joven entusiasta del teatro y él ya era esa leyenda provinciana de director y dramaturgo difícil.

Difícil por su trato con la gente, difícil por sus bellos textos de teatro, casi imposibles de llevar a escena. Pasábamos horas en un espacio que le cedía la municipalidad, lidiando tan sólo con una oración de alguna de sus obras. Quería él, el tono perfecto para cada línea de sus textos, en esos llamados trabajos de mesa que se llevaban a cabo en un tiempo remoto. El desánimo era lo primero que acudía cuando trabajábamos con él. Llevaba en sí la maldición de haber sido un gran director en el tiempo de su juventud. Y no podía con eso. No podía entender esas nuevas tendencias que llegaban a ramalazos en donde se le daba prioridad al cuerpo antes que a la palabra. No podía entender a aquellos que nos decíamos actores y todo nuestro desinterés por la voz y la palabra. Yo hoy, puedo decir que tampoco puedo entender eso.

Nos hicimos grandes amigos. Peleándonos, queriéndonos. Él me decía siempre: “Carta, usted quiere hacer de todo. Cine, teatro, mimo, escribir… ¿No le parece mucho? Así no se llega a las esencias de las cosas. Vaya, enciérrese un tiempo. Escriba”. Y yo no lo entendía, pero en este tiempo de mi vida es lo que más hago.

Mi amigo vivió en la pobreza digna. Sin pedir nada al otro. Sin estafar, sin ser desmedido en sus intereses como los hay tantos hoy. Había escrito: “Y llenó sus valijas con todo su cansancio obrero”. Y eso era más que suficiente para mí. Lo quise como se quiere a un padre, a un gran amigo. Yo comprendo su devenir cada vez más, cuando miro toda su trayectoria. Fue Poeta, amigo, padre. Sé que de varios.  Siento mucho sus palabras. Ellas están para siempre. Me trazan un camino. Él siempre tiene una palabra para mí.

el hombre

vive enredado sin mirarse

sin entender si le toca ser ángel

o foto desteñida.

En el último tiempo, su mujer me dijo que parecía un pajarito. Comía muy poco. Su sustancia era la levedad. Así se fue este poeta sanjuanino. Dejándonos sus palabras. Su amistad de padre. Legándonos algo que nos costará mucho tiempo aún, a cada uno de nosotros, a todo el pueblo sanjuanino, develar.