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Martes, 10 Octubre 2017 17:50

Argentina necesita grandeza para reconstruirse

Por Guillermo Alamino

Las problemáticas del país requieren un trabajo mancomunado entre diversos sectores sociales como sindicatos, empresarios, organizaciones sociales y partidos políticos.

 

Lo cual seguramente deberá confluir en elaborar políticas de Estado a largo plazo que garanticen los intereses de la sociedad. El mesianismo que caracteriza a la política argentina sólo ha conseguido generar estrategias a corto plazo que terminan en el fracaso.

Luego de intensas décadas de decadencia, el Estado debe asumir la tarea  de reconstruirse integralmente para lograr una sociedad justa y equitativa. Antes de la última dictadura militar, Argentina tenía menos de un 5% de su población en la pobreza, de acuerdo a la investigación “La distribución del ingreso en Argentina 1974-2000” de Oscar Altimir, Martín González Rozada y Luis Beccaria,  cuya características principales  eran el ascenso social y la prometedora industrialización en curso.

Esto se revirtió completamente en las  décadas recientes. La desregulación económica, la destrucción del ferrocarril, las privatizaciones de empresas públicas, la entrega de los recursos naturales, la precarización laboral y la concentración de la economía socavaron al Estado hasta provocar su desguace. Menem ejecutó  el plan neoliberal, los Kirchner mantuvieron esta estructura económica y  el presidente Macri sigue en la misma línea.

Las consecuencias de lo anterior fueron desastrosas: se encarecieron los fletes en el transporte, pocas empresas manejan el mercado interno y se perdió el autoabastecimiento energético, gracias a la privatización de YPF  promovida tanto por Menem como Néstor Kirchner. Las villas y la edificación de Puerto Madero con sus lujoso edificios son una muestra de la Argentina posmoderna y desigual, que contradice a  la movilidad social que caracterizó a la Argentina del siglo XX. En la actualidad, el 28,6% de los habitantes se encuentra bajo la línea de pobreza, según el INDEC.

Por esta razón, el  gobierno tiene la responsabilidad de solucionar los flagelos que azotan a la nación y formular políticas que trasciendan en el tiempo, con el fin de evitar las tradicionales oscilaciones  económicas e institucionales. Esto requiere convocar a empresarios, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos para promover acuerdos sostenibles.

Usar a las malas administraciones anteriores  para  justificar los errores del presente sin promover un gran pacto nacional contribuye a prolongar la decadencia. Las comparaciones con los peores períodos de la historia contemporánea, como la crisis del 2001, el kirchnerismo o el menemismo,  manifiestan las mediocres perspectivas  del gobierno respecto al futuro de su propia gestión. En otras palabras, equipararse con lo peor no convierte en mejor a nadie.

En vez de buscar similitudes o vigencias con las experiencias más nefastas que vivió el pueblo, se podría hacer hincapié en las  potencialidades  y virtudes del país. Argentina tuvo una de las redes ferroviarias más grandes del mundo, una industria aeronáutica y automotriz pujante, así como un desarrollo científico tecnológico  a la altura de grandes potencias internacionales. Por ejemplo,  la invención  del primer tren aerodinámico de Latinoamérica, la creación  del primer avión a reacción de la región, el envío de un ser vivo al espacio, la fundación de YPF que fue modelo de otras petroleras del planeta, entre otras grandes hazañas. Es necesario recuperar aquello que fuimos y aun podemos ser acorde a los nuevos tiempos, y plasmarlo en una plataforma política común entre todos los argentinos.

El Estado tiene la tarea de reunir a la  ciudadanía e instituciones para  fomentar grandes acuerdos con la finalidad de concretar políticas a largo plazo. De eso se trata la unión nacional: la convergencia o armonía de diferentes sectores e intereses sociales pensando en el bien común de la Nación.  Es el legado del abrazo entre Perón y Balbín. Ojalá, la grandeza y las ganas de trascender triunfen ante las mediocridades políticas.