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Jueves, 16 Agosto 2018 19:05

Leonardo Favio: el hermano mayor

Por Juan Carlos Carta

Cuando uno ve “El dependiente”, tiene la certeza que el cine nacional, a lo largo de su historia, ha capitalizado la gran lección del maestro.

El guión tiene mucho de la literatura de ese momento, es decir, de Borges, Cortázar, Bioy Casares, etc.

El trabajo ambiental es fruto, probablemente, de la influencia de Leopoldo Torres Nilson. También aquellos personajes desfasados, casi al borde de la locura, son un gran acierto de la, para mí, mejor película del gran Leonardo Favio (1938 – 2012).

Mucha de la solidez de nuestro cine se muestra en este film estrenado en 1969 por un director con mucho para dar, mucho para decir. Basada en un cuento de su hermano, Zuhair Jury, protagonizada por Graciela Borges y Walter Vidarte, la historia cuenta la vida de un empleado de ferretería y su relación de galanteo amoroso con una mujer que vive encerrada con su madre en una casa por demás extraña. Hay mucho ahí: expresionismo en las imágenes, grotesco en las actuaciones, una seguridad desde la dirección de cómo debe ser narrada la historia, que sorprende a todo espectador. A la película, en su momento, no le fue tan bien. No tuvo el apoyo del Instituto de Cine, ni del público, pero vista a las distancia, cuando uno piensa en Favio y su cine, lo primero que aparece es El dependiente.

¿Es necesario aclarar a esta altura que Leonardo Favio fue un gran cineasta? ¿Uno de los mayores que ha dado el cine argentino? ¿Qué ha logrado construir “mitos” como ninguno?

Ya su primer largometraje indagaba en el neorrealismo italiano. “Crónica de un niño solo” (1965) es una maravillosa obra. Inspirado, probablemente, en el Truffaut de “Los 400 golpes”, Favio cuenta la historia de un niño pobre cuya vida transcurre entre villas miserias y el reformatorio. Luego vendría “El romance del Aniceto y la Francisca…” (1967) con Federico Lupi y Elsa Daniel. Esta película está considerada para la crítica y el público como la más importante de este realizador.

Títulos como “Juan Moreira” (1973), “Nazareno Cruz y el lobo” (1975), como así también films no del todo logrados entre los que podemos nombrar “Soñar, soñar” (1976) con Carlos Monzón y Gian Franco Pagliaro; pasando por su cine de militancia peronista como “Gatica, el mono” (1993) o “Perón, sinfonía de un sentimiento” (1996 – 1999), hacen de Leonardo Favio un cineasta fundamental en la filmografía argentina.

El prestigio de Favio como realizador se ha extendido en todo el mundo y hoy, cuando se estudia al cine argentino no se puede soslayar todo su aporte. Sus personajes nunca serán olvidados. Transitando la desesperación, la locura, la valentía o un amor desolado, ellos se han conectado desde siempre con un cine que tiene la fuerza de una pasión popular. Un cine que le habla a todos, que transcribe desde sus imágenes los sentimientos universales que cualquier ser humano lleva consigo.

Tener la eficacia de ser popular, sólido como director, maestro de nuevo cineastas, es algo que no es poco y que al gran Leonardo Favio  se le daba a manos llenas.