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Jueves, 23 Mayo 2019 14:20

Gualcamayo: Desprotegidos y sin derechos, tratan de vivir o sobrevivir

Por Marcelo Castro Fonzalida

Un video que se compartió en redes sociales muestra cómo viven una pocas familias jachalleras en un puesto de Gualcamayo. Sus manos son lo único que tienen.

Verónica Cortéz tiene menos de treinta años, es madre soltera y sus ojos bien abiertos miran la realidad de manera diferente a los que todos la miramos. Es que vive lejos del centro de Jáchal, muy lejos. Casi tan distante que ni el Estado llega.

El lugar es un puesto llamado Punta del Agua y está en Gualcamayo. Eso también es Jáchal, justo ahí dónde una minera trabaja y gana dólares por día, yacen los olvidados.

Pasando la boca de la Quebrada están estas familias. Son diez, cuatro de ellos niños que van a una escuela de La Rioja. Se alejan de sus padres toda la semana para aprender a leer y escribir, y el fin de semana si las condiciones están dadas vuelven para Punta del Agua. Son niños jachalleros que deben estudiar en otra provincia porque les queda más cerca llegar hasta Guandacol que a las aulas de su propia tierra.

En el video que se hizo viral a través del artista Ramón Cabanay, Verónica no disimula sus ganas de ser feliz. Se lo merece, al igual que los nueve humanos que viven ahí. Viven de sus animales, a veces los venden y otras hacen quesillo y quesos para venderlos en los pueblos más cercanos y menos pobres.

Ellos están ahí, viviendo este otoño que pronto será invierno y que tal vez lo que resta de la vida lo gélido se hará sentir, no por el clima, sino por el olvido de todos.

Verónica Cortéz y su familia no vota en Jáchal, lo hacen en La Rioja porque está más cerca. Claro, para llegar a una urna jachallera deben hacer más de 15 kilómetros, varios de ellos a caballo. En cambio ir a la tierra de Quiroga solo cabalgan ocho kilómetros. Pero aun así, aunque ellos no eligen gobernantes en Jáchal, son jachalleros.

El Estado departamental olvida, niega y deja su corazón frío ante esos habitantes. Más frío que la misma nieve que se observa en el video.

El Estado, en este caso, somos todos: el Gobierno, las dirigencias políticas, los candidatos, la iglesia, los referentes sociales, todos. No queda nadie afuera de la realidad que arroja ese video.

Porque los Cortéz están sin agua. En realidad beben la del río, mientras se alumbran a duras penas con un panel solar que enciende una pequeña lámpara. Eso es todo.

A pesar de la naturaleza que los rodea el puesto no tiene leña buena para hacer fuego y calentar las casitas. Deben caminar cuatro kilómetros rio abajo para encontrar buenos troncos para brasas que duren y ayuden a calentar el cuerpo y sus almas.

Es que sus manos son lo único que tienen, como canta Jara. Nada más que eso. También sus sueños que se pierden entre el aire de los juncos y la jarilla.

Y otra vez Jara:

"Quién me iba a decir a mí,
cómo me iba a imaginar
si yo no tengo un lugar
en la tierra."

Y sí, deberíamos pedir muchas disculpas. Tan cerca y tan lejos están ellos, cubriéndose la cara para que nuestras sentencias no los congelen.

Por estas horas, mientras escribo, seguro llegó ayuda oficial o filantropía bien intencionada. Pero llegamos tarde, muy tarde.

Una vez más romantizamos la pobreza, la hicimos meme y la compartimos en las redes, como cuando se publican ollas calentando agua al fuego y creyendo que haber pasado eso fue bueno. En realidad no, era hambre. Mucha hambre.

Volvimos a llegar tarde, como humanos, jachalleros y hermanos. Ni Jáchal puras luces ni Fiesta Nacional de la Tradición. Ni Barrick Gold ni Minas Argentinas. Nada, ni uno solo se despertó en el pueblo pensando: ¿tiene hambre mi pueblo?

“Contale a la gente como vivís acá en Gualcamayo”, dice Cabanay, quien grabó el video, a Verónica, mientras ella tiza el fuego en un horno bien casero. "Tengo una niñita que pasa frío, en las lluvia se pasa el agua”.

Mientras ella habla le sale ese humo de la boca que nos avisa que hasta los dientes se pueden congelar. Ese frío lleva en sus cuerpos décadas, desde antes que dios y la patria naciera.

Hubo hace tiempo un discurso que decía que la patria es el otro, pues aquí ni el discurso ni los derechos llegaron. Ellos, con toneladas de nieve a la redonda penden de sus manos para prender unos troncos y avivar las llamas de la vida. Ahí, el cambiemos no cambió nada. Lo sustentable no sustentó ni un poco y los jachalleros nos olvidamos por completo.

Hay muchos puestos en Jáchal llenos de humanidad. Este es uno de tantos, de los que a veces preferimos no recordar. Nada ni nadie podrá volver atrás lo que ya pasaron estas familias de Gualcamayo, pero está en nosotros no solo ser solidarios, sino de saber elegir para que rumbo irá nuestro pueblo.

Por estas épocas patriotas somos todos, pero cuando se trata de entrega, no se duda ni un momento de ofrecernos al poderío de la codicia. Aun sabiendo que cientos de jachalleros parecen no ser del pueblo.

Una vez más, desde aquí, mil disculpas. Ustedes podrán dar las suyas.

El video completo puede verse al final de este artículo y es gentileza de Ramon Cabanay.

Medios

Así viven los habitantes de Gualcamayo, departamento Jáchal, San Juan, Argentina.