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Martes, 13 Septiembre 2016 23:30

Barrick Gold y 365 días de veneno en Jáchal

Por
Por Marcelo Castro Fonzalida 
@mcmarcecastro 
Hay crónicas que duelen más que otras. Cuando se escriben hechos de la vida cotidiana tan cerca de nosotros nos alarma y nos llega de otra manera. Hace un año las noticias comunicaron algo tan terrible como triste. Hace un año todos se alarmaron cuando Jáchal quedó tapada de veneno.

Cuando recibí el llamado con la noticia creí inmediatamente lo que me estaban diciendo. “Hubo un derrame de cianuro Marcelo. Estamos desesperados. Tenemos miedo”. Claro y conciso fue la comunicación. Habían pasado escasos minutos desde que esa persona recibió el mensaje desde la misma Barrick alertando el hecho. Fue un minero quién se lo contó. Un jachallero que ama a su pueblo tanto como para arriesgar su puesto de trabajo. Un héroe anónimo que muy pocas personas saben su nombre. Como él, cientos de jachalleros se pusieron en alerta para salvar lo que queda de Jáchal.

Muy en el fondo se sabía que esto iba a suceder, de allí que duele e indigna cada vez más. El vaticinio de que Barrick Gold cantaminaría se cumplió y el resultado fue con más de un millón de litros de agua con cianuro en los afluentes del Río Jáchal.

Hoy martes 13 se cumple 365 días desde que Barrick Gold en la mina Veladero decidió, por fin, dejar ver  su verdadera cara: la de matar lentamente.

Fue una válvula la que falló; porque no tenía el mantenimiento adecuado; porque el que debía hacerlo no lo hizo; porque el que controlaba nunca pensó en hacerlo; porque el oro que necesita la multinacional canadiense es lo único que les importa. No la vida ambiental ni los seres humanos que viven cerca. Nada de eso. Fue toda una cadena de malas acciones que llevaron a que más de un millón de agua con cianuro baje tranquilamente al pueblo jachallero. Los afluentes del Río Jáchal fueron los canales para que el veneno corriera hacía cada grifo de los hogares del norte de San Juan.

Lo que Barrick contaminó no solo fue el agua, también envenenó a una sociedad. La dividió con su falso ideal de progreso. Mintió descaradamente sobre los jugosos sueldos y puestos de trabajo que iban a generary sus adelantos a nivel social. Todo se fue en derrame. La minera gastó millones y millones en publicidad para que todos creyeran que eran responsables. Que iban a cuidarnos. Pero no fue así, todo lo contrario. Se rieron en la cara cuando algunos protestaban en el comienzo del Siglo XXI.

El gobierno sanjuanino junto al nacional son los máximos responsables de este ecocidio. José Luis Gioja, Néstor y Cristina Kirchner pergeniaron una política de apertura hacía la minería que fue desbastadora para varios pueblos. Pero nunca imaginaron que la contaminación en Jáchal iba a ser de una magnitud tal.

Hace muchos años que Jáchal resiste los embates mineros. Que pelea con la justicia sanjuanina que coquetea con el lobby minero. El aparato político judicial de San Juan es totalmente pro minero y no está más decir anti San Juan.

Nadie arroja un papel en su casa. Nadie desea vivir entre la mugre, pero para la Barrick y Gioja eso nunca tuvo importancia. Jamás.

El jachallero es una persona común, hospitalaria pero muy redundante. También es conservadora y hasta a veces se refleja aquello que se dice comúnmente que si “el pueblo es chico…”. Pero de algo se puede estar seguro, son (somos) demasiados pasionales con su lugar. Aman, respiran, cantan, beben, bailan, llorar y hasta pelean por su valle. Esas características, esos perfiles, lograron que miles de jachalleros encabecen marchas y movilizaciones en contra de Barrick y luchen de igual a igual.

La certeza de contaminación como las ganas de defender su lugar por parte de los jachalleros está clara. Tanto es así que hasta se animaron y montaron una carpa histórica que para muchos no iba a durar ni una semana y lleva casi un año. Ahí se concentran todos los que luchan, los curiosos, los que vienen de afuera del pueblo, los que desean beber agua fresca y limpia, los que no se cansan. A los que la Pachamama ayuda. A los que no les interesa el oro. A los que creen que tomar agua de la acequia fresca y sin veneno debe ser el onceavo mandamiento.

No es fácil caminar por Jáchal hoy. Nada va ser igual. Hay olor a almendra, como el cianuro. Hay soledad de autoridades. Hay gobiernos corruptos. Hay codiciosos. Están los que nos les importa la montaña, ni las jarillas ni el quirquincho. Demasiada indiferencia. No quieren ni a su madre.

Pero también están ellos. El jachallero bien nacido. El que grita en todos lados. Que se defiende sea quien sea el que esté en frente. El que no duerme tranquilo sabiendo que los fantasmas de la contaminación caminan por las veredas.

Luchadores y luchadoras. No nacieron gritando ni marchando, solo aparecieron en este mundo para ser feliz. Hoy están preocupados por la felicidad de sus hijos y la de lo que vienen en camino. Para que nadie les quite esas ganas de criarse en un pueblo que desea estar tranquilo. Que los dejen ser con sus costumbres. Con sus amigos y sus cantores.

Nadie merece ser contaminado, ni aquí ni en ninguna parte del mundo. Duele como se dio todo. Reventamos en lágrimas al ver lo que le hicieron a San Juan. Lo que sufre Jáchal. Pero es evidente que esto no va a quedar así.

Hay empeño para que nadie se quede sin sonrisas. Que todos puedan remontar un barrilete con aire puro. Para que ninguna garganta se quede sin beber un vaso de agua.

De a poco todos fueron sumándose a una lucha eterna. Hasta a veces muy agotadora, según los propios jachalleros autoconvocados. ¿Pero, como cansarse si en Jáchal, por las noches de verano aparecen las estrellas más brillantes que los ojos de un sanjuanino puede ver?

¿Vio usted Jáchal?

Has nacido ahí.

Has vivido allá y un poco más acá, pero jamás vas a ver igual al sol ni con la misma intensidad.

Será que el pan no tiene el mismo sabor. Los trigos son menos brillantes. Y esa luz parece salir del oro. Pasa que el pueblo es más que eso.

Es aire y Ciénaga. Es sol y cordillera es agua y sonrisa. Es fuego y sandunga.

¿Vio usted como son las cosas? Por un lado el progreso y por el otro la lucha. Por acá la bicicleta y por allá la maquinaria.

¿Vio usted como duele la pequeña patria? Que a nadie le sobra una lágrima como para dejarla en el bolsillo. Por qué una gota es un río.

¿Vio usted cómo cambian las cosas?

Usted allá y uno acá. Acariciando el valle. Usando las manos para sentir la jarilla. Visitando de madrugada el cielo y la cruz del sur.

Soñando, anhelando, que un día más seremos niños. Porque en Jáchal uno deja todo, hasta las ansias de volver.

Jáchal vale más que el oro. Siempre fue así. Somos más que eso. Más que cualquier odio y genocidio ambiental.

Están los que creen todavía en que la Barrick los salvará y otros que pintan un cartel y ruegan por un pedazo de tierra para cultivar.

Hace un año Jáchal se mantiene una incertidumbre que durará toda la vida. ¿Hasta cuándo seguiremos así? Eso depende de todos. De los que viven en el pueblo y los que llegan de vez en cuando a mostrar su apoyo.

Esto no terminará jamás. Se comenzó algo. Nadie asegura que las mineras se van a ir, pero que lleguen de aquí en más muy tranquilas a destruir las montañas, no les será fácil. Si antes lo hicieron hoy ya no es lo mismo.

Por fin Jáchal, comenzó, tarde, pero lo hizo a desmenuzar un relato. El de los poderosos que asumieron una responsabilidad: destruir pueblos, saquear recursos naturales y fagocitar las sociedades que le dicen no a las mega mineras.

De aquí en más, luego de un año es más que lucha. Es empeño de los jachalleros de luchar por su cultura y la dignidad. De no dejarse avasallar nunca más por las rapaces mentes codiciosos del capitalismo salvaje.

El silencio fue el principal enemigo de los jachalleros que hasta ahora se mantienen en silencio sin poder gritar que las minas se vayan. Pero es solo animarse, porque miles ya lo están haciendo. No les importó nada. Ni su trabajo, ni sus ropas, ni sus autos, ni el frio o el calor ni el viento zonda.

Ahí andan los que luchan, caminando entre domingos y recitando frases combativas.

Pasó un año y todavía esperan una respuesta de justicia. Los jachalleros entienden que ellos mismos son la verdad y la palabra. El pueblo le cree más a la carpa que a una municipalidad.

Cada estrella es de un jachallero. El sol es testigo de cada lágrima derramada al alba cuando los del pueblo anhelan que esto no hubiese sucedido. La luna guarda todos los sueños jachalleros que se empeñan en pensar que el agua es una fuente hermosa llena de flores y ruiseñores que cantan como en un rito de paraíso.

Nadie quiere a Jáchal como está. Muchos decidieron cambiar la historia. Conquistarla. Que una asamblea o un vecino hagan la diferencia entre los que desean vivir o morir. Que todos sean parte de un proceso. Eso es lo que la Asamblea Jáchal No Se Toca viene realizando. Con el apoyo de muchos jachalleros que viven pasando Mogna.

A Jáchal se la construirá entre todos. La contaminación llegó. Nadie pudo parar la cruel verdad de que nuestras aguas están contaminadas. Pero si existe una posibilidad para que San José de Jáchal vuelva a recuperar su identidad, ahí estarán varios para luchar, si es posible hasta la muerte.

Un año es mucho tiempo. Pero Jáchal debe resurgir. A costa de esfuerzo y solidaridad. Para que no nos envenen nunca más, ni Barrick Gold ni Gioja ni ninguna otra ave de rapiña propia o extraña.