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Lunes, 15 Julio 2019 22:12

El reflejo de sus ojos

Por Andrés Borbore Muriel

El operador político es aquel artesano de las ciencias sociales que lleva la agenda del poder hacia paisajes nunca vistos.

Miguel Ángel Pichetto y Alberto Fernández exhiben en su medallero la difícil presea de ser operadores políticos. Y juntos, casi en forma simultánea, asumieron un papel decisivo para ambos frentes electorales.

Ese rol decisivo no es por el aporte de votos, es por el conocimiento del complejísimo sistema del entramado dirigencial a gran escala, es decir a nivel nacional con la siempre atenta mirada internacional.

Y no es poco el aporte, ya que no hay academia, instituto, universidad o tecnología conocida aún que emparde a ese “saber hacer” de una de las facetas más ardua de la contienda electoral. Es que no cualquiera puede reconocer a los líderes territoriales, identificar los sistemas de valores que movilizan a los referentes por áreas de interés, manejar tiempos y lugares, saber “medir” la oportunidad y precisión de una foto, como para mencionar sólo algunas expresiones visibles de esta labor. Expresiones visibles, que no significan que sean públicas.

Todo ello constituye un verdadero arte comparable con el talento más valorado de cualquier otra actividad humana con sentido de trascendencia, como podrían ser la música, la arquitectura o el diseño en cualquiera de sus formas. Es que el operador político es aquel artesano de las ciencias sociales que lleva la agenda del poder hacia paisajes nunca vistos. Inesperados muchas veces para el elector de a pie. Previsibles para el que hace de este honorable oficio su profesión habitual.

Con habilidad inusitada, buscan encontrar esa alquimia que les permita llegar de la mejor forma para ganar la contienda electoral. Porque no hay más apremio y premio a la vez que no sea el de ganar. Así son las reglas del sistema electoral en que todos estamos involucrados.

Los dos más poderosos frentes electorales de Argentina necesitaron del mismo componente para su formulación presidencial. Se movieron por reflejo, siguiendo una misma lectura de la realidad. ¡Vaya coincidencia! Actuaron “de manual” diría un viejo conocedor de estos siempre peligrosos terrenos de consistencia efímera.

Mauricio Macri y Cristina Fernández, como dos viejos conocidos que se buscan desde hace mucho tiempo pero que se encuentran de manera inesperada, se movieron rápidamente, sin emitir palabras, sin firmar pactos, sin apretón de manos.

Se movieron siguiendo un reflejo... el reflejo de sus ojos.