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Lunes, 02 Septiembre 2019 13:00

Raúl Alfonsín: El último presidente honesto

Por Ernesto Simón

Un 31 de marzo de 2009 murió Alfonsín, pero la historia lo recordará por aquel 10 de diciembre de 1983, cuando Argentina recuperaba la democracia. Fue el último presidente honesto.

Aquel 12 de marzo de 1927, cuando Raúl Alfonsín nació en Chascomús, nadie imaginaba que llegaría a ser presidente. Mucho menos su padre, Serafín Raúl Alfonsín, comerciante minorista, nieto de inmigrantes gallegos, ni su madre, Ana María Foulkes.

Hace algunos años, en 2009, el ciclo de su vida terminó en el sentido biológico. Pero en el sentido histórico, su emblemática figura quedará grabada en la memoria colectiva de todo un pueblo. "Murió Raúl Alfonsín", titularon casi todos los diarios en aquel entonces. Fue una tristeza subrepticia que recorrió el país, "a lo largo y a lo ancho", como le gustaba decir a él cuando en campaña rumbo a la presidencia no dejó un sólo pueblo por visitar.

Asumió después de ganar las elecciones con el 51% de los votos. Veníamos de una cruenta dictadura cívico militar que se extendió desde 1976 hasta 1983. Cuidó siempre la democracia. Supo aceptar errores, escuchar voces disonantes. Durante su gobierno nunca censuró. Lo más importante: no hizo negocios personales con la plata del Estado, cosa que, no cabe duda, sí hicieron los presidentes que lo sucedieron.

Es necesario decirlo: hace algunos años moría el último presidente honesto de la República Argentina. Fue el infatigable labrador de la libertad en un país tantas veces generoso y otras tantas ingrato; mezquino casi siempre.

Terminó su educación secundaria en el Liceo Militar de la Nación. Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó como abogado en 1950. Allí comenzó a profesar su convicción ideológica en la Unión Cívica Radical, a la que había ingresado atraído por el discurso de su líder, Ricardo Balbín. Se convirtió rápidamente en baluarte de la juventud radical. Fue electo diputado provincial en 1958 y luego en 1963 llegó al Congreso de la Nación y fue distinguido con la vicepresidencia del bloque radical en la Cámara de Diputados. Dejó su banca en 1966, cuando las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno de Don Arturo Illia, otro hombre honesto a quien el país no supo cuidar. Ese mismo año fundó el Movimiento de Renovación y Cambio.

Bajo la dictadura cívico militar se distinguió por la defensa de los derechos humanos, algo que luego pesaría a la hora en que le tocó disputar la presidencia de la Unión Cívica Radical. Alfonsín se casó con María Lorenza Barreneche. Tuvieron seis hijos: Raúl Felipe, Ana María, Ricardo Luis, María Marcela, María Inés y Javier Ignacio.

Cuando a los asesinos de la dictadura ya no les quedaba opción, llamaron a elecciones. Año 1982: enfrentó junto a su candidato a vicepresidente, Martínez, la fórmula del peronismo integrada por Lúder y Bittel. Ganó con el 51% de los votos. El 10 de diciembre de 1983 asumió la presidencia de la Nación siendo artífice y protagonista de una fiesta cívica que marcó el retorno de Argentina a la vida democrática.

Entre sus primeras medidas, creó la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP), que concluyó su investigación con el libro “Nunca Más”. Llevó adelante el juicio a los integrantes de las Junta Militar golpista y asesina. Implementó importantes planes que dieron al país un gobierno que promovió la igualdad de oportunidades: Plan Nacional de Alfabetización (premiado por la UNESCO), Plan Alimentario Nacional, cuyo modelo interesó y se puso en varios países de América Latina, y Plan Deporte con Todos.

Quijote republicano, enfrentó tres levantamientos militares, dos de ellos encabezados por Aldo Rico y el Coronel Alí Saineldín, quienes estaban disconformes con el castigo que se había aplicado a las cúpulas castrenses. Se sobrepuso a doce paros nacionales de la CGT liderada por el inefable Saúl Ubaldini, quien posteriormente fue premiado con una diputación nacional por el partido Justicialista.

Un golpe financiero de los poderosos de la economía argentina lo dejó mal herido. Faltaban 7 meses para entregar del mando. Pero ante el riesgo de las instituciones democráticas y la eventualidad de un nuevo golpe militar, Alfonsín renunció el 9 de julio de 1989 para anticipar la entrega del mando al peronista Carlos Menem, quien había ganado las elecciones.

El pueblo lo despidió por las calles de Buenos Aires dándole un último adiós fervoroso. Sin movilizaciones hipócritas, ni plata para que la gente vaya a su velatorio: fue saludado con aplausos y lágrimas. No era para menos: los argentinos despedíamos al último presidente honesto.