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Lunes, 26 Febrero 2018 17:02

El que grita más fuerte

Por Fernando Palacio

Aborto: se viene el debate en el Congreso. Qué discutimos y cómo lo hacemos. Una mirada reflexiva ante tanta pulseada política.

Durante la última semana fuimos bombardeados, como todos los años, por una campaña a favor del aborto con muy fuerte presencia en medios y redes sociales. Usted habrá escuchado, hasta el cansancio, a personajes importantes hablar sobre la necesidad de su despenalización o sobre su legalización usando cifras sobre cantidad de abortos que se realizan o la cantidad de madres que mueren por la clandestinidad de la práctica. Cifras exageradas y de muy dudosa lógica y origen.

También habrá escuchado de la reacción, con menor intensidad, de aquellos que están en contra de la medida, en muchos casos tibia y en otros más militada, pero, a mi criterio reactiva y cerrada al debate, no en todos los casos por supuesto, pero es el tono general de la discusión.

Personalmente, estoy en contra de cualquier práctica que termine con una vida humana. No voy a extenderme sobre el particular porque no es tema de este artículo, salvo, argumentar que vida humana existe desde la fecundación, ese es el consenso que existe hoy entre los especialistas científicos. Hasta tanto la ciencia demuestre lo contrario.

Lo que me ocupa hoy, es el análisis del discurso pro y contra el aborto, como también, intentar clarificar la agenda, que lejos de ser monolítica, tiene varias aristas. Una competencia por ver quien grita más fuerte no debería ser el modo en que se dirima una cuestión tan relevante.

En mi opinión, lo primero que tenemos que entender aquellos que estamos en contra del aborto, es que el que está a favor no es un monstruo, es alguien que puede estar equivocado en todo caso. Autodefinirse como a “favor de la vida” es colocar del otro lado a alguien que esta a “favor de la muerte” ese maniqueísmo anula la posibilidad de un intercambio racional. Lo segundo, es que hace mal presentar el tema desde una perspectiva religiosa. Usted puede tenerla por supuesto, pero tenga en cuenta que del otro lado hay gente que no la tiene. Salvo que lo convierta nunca va a convencerlo. Es contraproducente apelar a argumentos de Fe, solo la discusión sobre datos reales apoyados en la ciencia habilita un intercambio racional. Toda vida es sagrada puede ser cierto para su escala de valores, pero para otro no. Ante esa afirmación solo tiene dos opciones de respuestas cerradas: si o no.

Si usted esta a favor del aborto, lo tengo que pedirle es que sea claro en su reclamo, una cosa es que esté en contra de su penalización y otra muy distinta es que quiera que la sociedad en su conjunto, a través del estado, se haga cargo de terminar con la vida de un ser humano porque la madre que lo lleva en su vientre no quiere o no puede hacerse cargo de ella.

También debo pedirle que sea riguroso con los datos de los que se hace eco. Acepto que ya tenga una opinión formada mas allá de ellos, lo que no puedo aceptar es que me los presente como verdaderos, cuando los mismos ni siquiera responden a las estimaciones de máxima que hace la Organización Mundial de la Salud. Me refiero específicamente a aquellos en los que se han montado las últimas campañas abortistas, por ejemplo:

a) Se realizan mas de 500.000 abortos inseguros al año en Argentina.

Según los registros del Ministerio de Salud de la Nación, la cantidad de niños nacidos vivos en 2016 fue de 770.004 más 6.154 defunciones fetales, nos da un total de embarazos atendidos por el sistema de salud público y privado de 776.158 en el año, de guiarnos por la estimación de 500.000 abortos ilegales, se podría decir que el 40% de las mujeres abortan en Argentina. Un número absolutamente desproporcionado inclusive tomando en cuanta las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud.

La OMS, institución que promueve políticas abortistas, en comunicado de setiembre de 2017, estima que desde 2010 a 2014 se realizaron en el mundo alrededor 25.000.000 de abortos no seguros, o sea 6.250.000 al año. Si para 2016 la población mundial de mujeres en edad de concebir (15 a 39 años) fue de 1400.829.800 podemos inferir que, en Argentina, con una población de 8.280.173 mujeres, se podrían haber realizado 36.943 abortos no seguros. Cifra 14 veces inferior a la promovida por la campaña abortista.

b) Es un grave problema de salud pública. El aborto ilegal es la principal causa de muerte materna en Argentina.

La OMS define como muerte materna a la acaecida durante el embarazo y hasta 42 días de terminado el mismo sin importar su duración. Según las estadísticas vitales del Ministerio de Salud en 2016 se registraron 245 muertes maternas, de los cuales 43 se debieron a abortos, no hace distinción entre provocados o espontáneos.

Dada la falta de estadísticas oficiales al respecto, para llegar a una aproximación de las muertes maternas por abortos provocados podemos basarnos en la estimación que hace la misma OMS a nivel mundial en su informe sobre la salud del año 2005 “En el ámbito mundial, aproximadamente un 80% de las muertes maternas se deben a causas directas” (trastornos hipertensivos, desprendimiento de placenta, hemorragia postparto, etc.) “Las complicaciones de un aborto peligroso son la causa de un 13% de esas muertes. Entre las causas indirectas (20%) se encuentran enfermedades que complican el embarazo o son agravadas por él, como el paludismo, la anemia, el VIH/SIDA o las enfermedades cardiovasculares”.

Si nos guiamos por esos guarismos, podemos estimar que los fallecimientos maternos a causa de abortos peligrosos serian alrededor de 26 en el año, número congruente con la estadística oficial. Mientras que las causas obstétricas directas e indirectas suman 202 fallecimientos transformándose en la principal causa de los decesos maternos.

Solo para poner en perspectiva: si bien hablamos de muertes evitables, es cuestionable que se trate de un grave problema de salud pública comparándolo con otras causas evitables como por ejemplo las 9.604 provocadas por Tuberculosis.

 

Sobre la necesidad del debate

La agenda abortista esta fuertemente instalada desde hace varios años y cada vez es más intensa. Solo la voluntad política de algún funcionario no es suficiente para frenar la iniciativa, tarde o temprano se impone el que “grita más fuerte”. El aborto legal en los últimos años no tuvo resolución favorable en el congreso solo por la voluntad política de Cristina Fernández, quien en seis ocasiones “le bajo el pulgar” a su tratamiento, inclusive en contra de lo pensaba gran parte de sus legisladores y su base electoral. A quien sorprenda la amable (al menos) relación entre la ex mandataria y el Papa Francisco, debería investigar sobre este punto.

La voluntad política no alcanza porque es maleable a las encuestas de opinión y además es un tema transversal a todos los partidos políticos. Soy de los que piensan que es mejor temprano que tarde dar el debate. Aunque me produce mucho temor, debo reconocerlo, que nuestros legisladores no estén a la altura de un tratamiento serio.

También es necesario definir cuál es el reclamo. Por un lado, está el del aborto no punible y por otro -cosa muy distinta- el aborto legal y gratuito. Para los activistas pro aborto una sería conquista de mínima y otra de máxima, saben que aprobarse la primera es un gran paso para avanzar en la segunda. En lo personal, pienso que no es necesariamente así, la discusión sobre la punibilidad del aborto para la mujer podría ser una oportunidad, si se consiguen los consensos básicos, para avanzar en medidas integrales de contención al problema, un sistema de adopción ágil y eficiente, planes de asistencia a madres embarazadas en situación de vulnerabilidad, apoyo psicológico y económico serian un importante incentivo disuadir la decisión de abortar.

El artículo 88 de nuestro Código Penal dice que: “Será reprimida con prisión de uno a cuatro años, la mujer que causare su propio aborto o consintiere en que otro se lo causare”. Para el derecho penal, las penas tienen una finalidad preventiva, retributiva, enmendadora o simplemente reinsercionista. Castigar con pena de prisión a una madre que aborta responde únicamente con la finalidad preventiva, desincentivando la reiteración de dicho comportamiento socialmente, pero si pensamos que, en la mayoría de los casos, la mujer que llega a tomar una decisión de este tipo lo hace en situación de desesperación, de soledad o vulnerabilidad, es absurdo pensar que la amenaza de prisión, en caso de ser descubierta, pueda disuadirla.

Considero que penas de prisión a la madre no tienen ningún sentido práctico ni de justicia y deberían abolirse. Para aquel que se escandalice con esta última afirmación, le recuerdo el ejemplo del Papa Francisco eliminando una medida punitiva como la ex comunión para estos casos. El amor, la misericordia y el perdón deben ser la vara que nos guíe.

No así para aquellos que lucran con la desesperación y el dolor. Los artículos 85 y 86 imponen penas a aquellos que realicen el aborto con o sin consentimiento de la madre. En mi opinión, en este caso deberían endurecerse y arbitrar todos los medios para que sean efectivas. El aborto legal y gratuito no puede ser una opción, que una vida inocente pague por los errores de los adultos es, al menos, una injusticia. Que el adulto arbitre los medios necesarios para evitar el verdadero problema que es el embarazo no deseado.

Ni cerrarse a la discusión ni mentir con los números puede llevarnos a ningún puerto seguro. Solo un debate franco, con estadísticas serias y con la mirada puesta en el bien común es la única alternativa que tenemos para evolucionar como sociedad.