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Política

Foto publicada en www.diariodecuyo.com.ar
Ya son más de 500 los evacuados por el temporal acaecido en San Juan por la intensa lluvia. Desde las redes sociales salieron a colectar ropa en desuso o nueva, colchones, calzado, abrigo y alimentos no perecederos que será llevada a los damnificados. En esta nota te explicamos cómo podés ayudar.

Las inclemencias climáticas ocasionaron problemas en Caucete, Rawson, Pocito, 9 de Julio, Santa Lucía, Valle Fértil y Albardón. Familias enteras fueron evacuadas. Se calcula que en 24 horas cayeron 45 milímetros, la mitad del promedio anual de San Juan.

Un grupo solidario pidió desde las redes sociales donaciones para los evacuados de Iglesia y Valle Fértil. Sobre todo solicitan donación de ropa en desuso o nueva, colchones, calzado, abrigo y alimentos no perecederos que será llevada al lugar donde se refugian los damnificados. Los sanjuaninos interesados en ayudar a sus hermanos pueden hacerlo acercando lo que tengan a Ameghino 690 sur, departamento 33, Capital. También podés llamar al celular 155158186, de Mario Alfredo Barros y a Red Solidaria San Juan, celular: 154117330.


Jueves, 13 Febrero 2014 18:55

Adiós al eterno Santiago Feliú

Por
Por Ernesto Simón 
Heme aquí con el cubano Santiago Feliú. Antes de contar lo que voy a contar, quiero explicar algo: Esto no es un obituario ni un réquiem, es un recuerdo inevitable que llegó a mi cabeza hace años y, sospecho, no escampará jamás. Tengan respeto, es una crónica atribulada y lamentosa; acaso derrotada, que buscó dónde posarse y nunca encontró paz hasta que me halló a mí. Ahora vive conmigo. Es bueno que así sea.

Recibo un llamado de esos que uno no quisiera recibir con frecuencia. Pero sí, Te llaman desde Cuba, me dicen en casa. Ahí voy, y corro al teléfono. Es alguien de la secretaría de Cultura de aquel país, me dice que se ha muerto Santiago Feliú. ¡¿Qué?!, pregunto. Sí, lamentablemente se ha muerto de un paro cardíaco. Sabemos de tu amistad con Santiaguito, alguien de su familia nos pidió que te avisáramos. Nos saludamos y cuelga. Yo me quedo con el teléfono en la mano. En ése instante se me cruza por la cabeza una llamada similar. Cuando murió Spinetta la sensación fue parecida. Acaban de anunciarme que ha muerto un amigo. Me quedo con la mente en blanco. Me cuesta reaccionar. Ahora cuelgo y mebrotan lágrimas, estoy llorando otra vez.

Mi primera reacción es correr a ver las noticias en la computadora. Entro a un sitio que confirma la mala noticia. "A los 51 años murió el trovador cubano Santiago Feliú". Fuimos amigos inseparables. Durante un año entero estuve viviendo en Cuba y durante todo ese año nos veíamos cada dos días por lo menos. Era un tipo macanudo. Maravilloso, Santiago, fuiste de esa clase de gente con la que uno quisiera pasar horas y horas sin pensar en el tiempo. Tu conversación era sinuosa, afilada, inteligente. Y cuando comíamos arroz con banana frita en aquella taberna de mala muerte de La Habana Vieja, por dios, mi compadre, los dueños esperaban a que terminaras de cenar y te pasaban la guitarra. Tocabas al revés, camarada, dabas vuelta la guitarra: las cuerdas finas te quedaban arriba y las gruesas abajo. Che, argentino, me decías siempre, ¿Qué querés escuchar? Y yo te pedía las canciones "Vida", "Para Barbara", "Mi mujer está muy sensible". “La guerra de las galaxias” y "Trovadores". Tocá lo que querás, Santy. Vos te echabas a reír y me decías: Te dije un solo tema, no cinco. Y los dos nos mirábamos cómplices y nos reíamos mientras por la taberna circulaba el ron con hielo y limón.

La crónica dice que ha nacido en La Habana el 29 de marzo de 1962, tocaba la guitarra y el piano, y con menor frecuencia, pero con toda destreza, también ejecutaba el bajo, la armónica y la percusión. Compuso bellas canciones que llegaron a conmoverme hasta lo más profundo de mi pobre alma: "Para Bárbara", "Mi mujer está muy sensible", "Búscame (sobrevolando un sueño)" y "Ni las soledades". Santiago, hermano menor de Vicente, que fue uno de los fundadores del Movimiento Nueva Trova Cubana junto a Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, aportó su lirismo rabioso y un sonido eléctrico, también abonado desde su peculiar toque de zurdo en una guitarra a la que supo modificarle el orden de las cuerdas. Era un rockero trovador que revolucionó la música cubana y supo convertirse en fiel continuador de la quintaescencia de Silvio.

Feliú vino a vivir varios años a Argentina. Fue, recuerdo nítidamente, durante la década del 90, tiempo en el que trabó relaciones personales y estéticas con Juan Carlos Baglietto, Fito Páez, León Gieco y con quien ahora escribe esta atribulada crónica. Desde hace casi tres décadas, a partir de que Silvio Rodríguez lo tuvo como invitado en uno de sus conciertos, era asiduo protagonista de recitales y giras por todo Latinoamérica. El año pasado vino al país y fui a visitarlo. Me dijo que se sentía "un porteño del Caribe, un habanero rioplatense”. Le dije que ojalá nunca se pareciera a los porteños, Sería lamentable, camarada. Y volvimos a reír como en aquellos viejos tiempos en que el ímpetu invencible de la juventud nos hizo creer que cambiaríamos el mundo. Luego el mundo nos pasó por encima acabando con todos nuestros sueños. Pero de ésa tragedia escribiré otro día.

Voy a extrañar tus llamadas, tus visitas a esta tierra emancipada que lucha y se debate por encontrar la libertad todavía secuestrada por los poderosos ensañados que tiran de un lado y del otro. Son la cría del proceso, Santiago, creéme cuando te lo digo. Te sorprenderías si te contara que en 30 años de democracia todavía no aprendimos nada. Hasta siempre, mi entrañable amigo cubano, intentaré recordarte todos los días de mi vida. Y, quizá, si el estado de ánimo me lo permite, estaré escuchando tus canciones hasta que a la larga me tape el invierno.
Jueves, 13 Febrero 2014 13:35

Una noche de jazz con Julio Cortázar

Por
Por Tatiana Tzarhiug 
Julio Cortázar está en todos los rincones de nuestra casa: en un texto que se vende en los interminables kioscos de diarios; en la plaza que lleva su nombre y donde ahora duermen niños bulliciosos; en las librerías donde se destacan algunas de sus obras. Y también en las paredes. Alguien escribió "¡Vivan los Cronopios!" en un muro, y otra persona, a las pocas cuadras, garabateó un mensaje para el gran escritor argentino: "¡Volvé, Cortázar, ¿qué te cuesta?¡".

Cortázar intentó, y logro ir contra las formas típicas del cuento y la novela, fue a buscar el otro lado de la Luna, fue un jugador empedernido que descubre la verdad en el fraude de los nombres, los lugares comunes, y la superficie en la que vivimos y aprendemos.

Gabriel García Márquez, el colombiano Premio Nobel de Literatura 1982, alguna vez reconoció haberse sentido atraído por la calidad narrativa de Julio Cortázar, estando en París, llegó a esperarlo “durante semanas” en un café. Le habían pasado el dato de que solía frecuentar el café, alguna que otra vez. Así fue que un buen día los escritores se encontraron.

García Márquez sintió que Cortázar se le presentaba “como una aparición”. –“Era el hombre más alto que hubiera podido imaginar, tenía una cara de niño perverso dentro de un gran abrigo negro que más bien parecía una sotana de viudo, y los ojos muy separados, oblicuos como los de un novillo, y tan diáfanos que podrían haber sido los del diablo, si no hubieran estado sometidos a los designios del corazón”, recordó años más tarde.

Cortázar escribió alguna vez que “Todo depende de la idea que uno haga de ese ser casi irreal al que llamamos espectador. Para algunos, el espectador es un excelente sujeto al que hay que enseñarle la belleza y la verdad mediante una cuidadosa estética.

A mí me parece bien esa empresa de reajuste de la realidad burguesa, esa mostración de un mundo que está cambiando vertiginosamente de claves y principios. Pero el espectador, al margen de su condición de hombre comprometido, sigue y seguirá siendo también un hombre capaz de gozar de la aventura estética más refinada si se le dan poco a poco las claves necesarias, si se lo invita al goce o a la angustia en un plano esencial, al margen del problema del petróleo o del racismo, igualmente esenciales, pero que pertenecen a un mundo de acción, aunque se traduzca en novelas o películas”.

Cortázar es en apariencia un escritor tardío; de publicación y reconocimiento demorados. Julio Cortázar no existía en las librerías ni en el reconocimiento crítico. Había publicado algunos cuentos, otros bajo algún seudónimo – pero su realidad editorial eran las pilas y pilas de ejemplares del pequeño Bestiario que languidecían desde hacía años, en compañía de otros tantos textos.

La vida en un paraíso triste
Por Julio Cortázar 
Nací en Bruselas en agosto de 1914. Signo astrológico, Virgo; por consiguiente, asténico, tendencias intelectuales, mi planeta es Mercurio y mi color es el gris, aunque en realidad me gusta el verde. Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia; a mi padre lo incorporaron a una misión comercial cerca de la legación argentina en Bélgica, y como acababa de casarse se llevó a mi madre a Bruselas. Me tocó nacer en los días de la ocupación de Bruselas por los alemanes, a comienzos de la Primera Guerra Mundial. Tenía casi cuatro años cuando mi familia pudo volver a la Argentina; hablaba sobre todo el francés y de él me quedó la manera de pronunciar la "r" que nunca pude quitarme. Crecí en Banfield, pueblo suburbano de Buenos Aires, en una casa con un gran jardín lleno de gatos, perros, tortugas y cotorras: el paraíso. Pero en ese paraíso yo era Adán, en el sentido de que no guardo un recuerdo feliz de mi infancia: demasiadas servidumbres, una sensibilidad excesiva, una tristeza frecuente, asma, brazos rotos, primeros amores desesperados, Los venenos es muy autobiográfico. Estudios secundarios en Buenos Aires: maestro normal en 1932. Profesor normal en Letras en 1935. Primeros empleos, cátedras en pueblos y ciudades de campo, paso por Mendoza en 1944-1945 después de enseñar siete años en escuelas secundarias. Renuncio a través del fracaso del movimiento antiperonista en el que anduve metido, vuelta a Buenos Aires.

Ya llevaba diez años escribiendo, pero no publicaba nada o casi nada (el tomito de sonetos, quizás un cuento). De 1946 a 1951, vida porteña, solitaria e independiente; convencido de ser un solterón irreductible, amigo de muy poca gente, melómano, lector a jornada completa, enamorado del cine, burguesito ciego a todo lo que pasaba más allá de la esfera de lo estético. Traductor público nacional. Gran oficio para una vida como la mía en ese entonces, egoístamente solitaria e independiente. (Carta de Julio Cortázar a Graciela Maturo enviada desde París el 4 de noviembre de 1963, e incluida en el libro Julio Cortázar y el hombre nuevo, de Maturo.) No se aprende sólo a escribir leyendo a Cortázar, también se aprende a vivir. Su obra está vivísima, no entró en la oscura nube del olvido.

- Mario Benedetti: "La suya es una noche circular, o como él mismo la define, ‘un río que en sí mismo desemboca’. Su noche es ‘la noche del testigo’. Pero de esa noche, como de su mesa de trabajo con lápices, pipas y manuscritos sobre la que brinca su gata Fanelle, también podría decirse, como él juega y escribe: ‘Todo aquí es tan libre, tan posible, tan gato’. El poeta usa su libertad para remover sus viejos y nuevos papeles. Como bien dice Basho y Cortázar retoma, ‘este camino/ya nadie lo recorre/salvo el crepúsculo’. Ese camino de lo que se hizo, bien o mal, con éxito o con frustración, ya nadie lo recorre, ya nadie tiene ánimo y lucidez suficientes como para reconocerlo y aprender, recordar y elegir." Hay quienes dicen que hay dos Cortázar: el apolítico y el posterior a su apoyo a Cuba. Cuando él era antiperonista, eso aparece en Casa tomada, Omnibus, Las puertas del cielo o Bestiario; pero es una posición que luego cambió. Cortázar es el único autor de género fantástico que, sin renunciar a él, incorpora el contexto político, social e histórico; ni Borges, ni Bioy Casares, ni Lugones, ni Horacio Quiroga, incorporan el grado de referencia real a la vida y la política cotidianas. Lo fantástico en lo cotidiano.

Cortázar jugó un papel muy importante en sus denuncias sobre los crímenes del Proceso Militar Argentino, hizo pesar su prestigio, militó y ayudó en lo que pudo. Esos fueron sus principales conflictos en relación a su papel de escritor. Muchos intelectuales argentinos interpretaron la transformación política de Cortázar como un giro algo superficial hacia el socialismo, El trato que recibió Julio por parte de sus colegas argentinos no ha sido ni justo, ni ecuánime, ni siquiera honesto. La actitud política de Cortázar fue sincera y coherente hasta el último momento. No había nada de superficial: instauró el proceso contra la dictadura de Pinochet a través de sus investigaciones sobre torturados y desaparecidos, formó parte del Tribunal Russell y dedicó buena parte de sus derechos de autor a ayudar a la revolución cubana y a la nicaragüense. Por lo demás, empleó su influencia sobre Fidel Castro y los líderes de la revolución para intentar disuadirlos de su política contra los homosexuales, rescató a muchos presos políticos de las cárceles.

Nunca fue un disipado, ni un burgués, sólo vivió humildemente.

Cortázar, no sólo era una figura central de la literatura hispanoamericana, sino un claro referente en la denuncia de las atrocidades que cometía en la Argentina la dictadura militar.

Cortázar murió en 1984, poco después del retorno de la democracia, sin haber sido recibido por el presidente Raúl Alfonsín unos meses antes.

Adjunto banda sonora Miguel Zenón & Laurent Coq

El Club de la serpiente - correspondiente al disco Rayuela.

Personnel: Miguel Zenón: alto saxophone; Laurent Coq: piano; Dana Leong: cello, trombone; Dan Weiss: drums, tabla, and percussion.

Por Pablo Zama 
Un cartonero de Chimbas cuenta que en donde mejor le pagan le dan 1 peso por kilo. Quienes viven en esos márgenes sociales, por más esfuerzos que hagan, nunca podrán llegar a igualar un salario mínimo. Son indigentes y la economía los devora. Hoy, para comprar una caja de leche en polvo necesitan juntar 135 cajas de supermercado, 45 kilos de cartón.

Dice que se llama Roberto, la cabeza erguida como capitán de un barco que no se resigna a hundirse, la mirada triste y casi sin restos de ilusión, unos 50 años. A la ilusión se la asaltó el mismo sistema que lo excluye pero que lo necesita así, pobre y desamparado: él es parte de su retroalimentación. Es domingo, son las dos y media de la tarde, hora de almuerzo y Roberto, las manos desnudas, junta cartones sucios al lado de un galpón del supermercado Átomo de Chimbas, a escasos 200 metros de la plaza departamental. No tiene música ni aire acondicionado en su bicicleta de hierros gastados, de pedales despintados, de ruedas que piden auxilio. El carro viejo atado detrás del rodado es el almacén de desechos que transformará en comida.

Dice que prefiere ir a Macrometal -de Benavídez y Maradona-, que no va a ir a las recuperadoras de Villa El Salvador y de Salta y 25 de Mayo. Cuenta que la primera le paga 1 peso por el kilo de cartón, las otras sólo 65 centavos.

Una caja de cartón común de los supermercados pesa poco más de 300 gramos. Roberto necesita tres cajas para llegar al kilo. Mira los cartones y sentencia: “Acá he juntado unos 20 kilos”. 20 pesos para irse a almorzar con su familia. Con los precios de hoy, Roberto requiere de un kilo de cartón para comprar un huevo, que en el 2012 le costaba 50 centavos. Si Roberto aspira a comprar una caja de leche para los niños de la casa debe juntar 135 cajas de súper ($45).

Un breve llamado a Macrometal sirvió para corroborar lo que Roberto dice, y en esa recuperadora también aclararon que a principios del 2012 pagaban entre 45 y 50 centavos por el kilo de cartón, la mitad de lo que entregan en la actualidad. En esa época el precio de la leche era de unos 20 pesos: a Roberto le costaba 40 kilos de cartón (120 cajas), el aumento en el índice de inflación para él es una diferencia de 15 cajas de súper. Roberto hoy piensa en juntar 36 cajas para adquirir un kilo de pan, y si la ambición lo atrapa con sus garras: 90 cajas por un kilo de carne molida común para tener un almuerzo más o menos digno.

Me retiro y lo miro desde lejos, tan lejos que casi no lo veo, como tampoco lo ve la economía a él, un punto en una constelación de golpes bajos a los de abajo. ¿Roberto será hincha de San Martín?, ¿sabrá que hay jugadores de la Mendoza y Lautaro que cobran más de 150 mil pesos por mes?: un sueldo de más de 450.000 cajas de cartón. Y un juez sanjuanino cobra en promedio 180.000 cajas mensuales.

En esta siesta calurosa, el sol de verano le da latigazos en la espalda. Roberto es parecido a Alejandro Casatte, un cartonero de San Luis con el que vi el partido en el que Argentina perdió 4 a 0 con Alemania y quedó eliminado del Mundial de Sudáfrica 2010. En una casita muy precaria de Corrientes y Juan de Garay en el Barrio Rawson de la provincia puntana, Alejandro contaba que se turnaban con su mujer para “cartonear” sin descuidar a sus hijos. Alejandro y su familia vivían en esa época con sólo 15 pesos diarios. Casatte insultaba a Lio Messi frente a la pantalla de un viejo y diminuto televisor porque decía que el rosarino era frío. Justo en el 2010 la revista Noticias desnudaba que La Pulga facturaba, entre el Barcelona y las campañas de publicidad de las que participaba, más que las empresas con mil empleados a cargo (un patrimonio neto valuado en 250 millones de euros en aquélla época, casi incalculable si lo traducimos a cartón).

En el 2014, con un salario mínimo fijado en 3.600 pesos mensuales, si el cartonero chimbero se ilusiona con alcanzar la dignidad debe juntar 120 kilos de cartón (360 cajas) por día -la suma de 10.800 cajas al mes-, sin descansar ni los fines de semana. Pero esa ilusión se destroza cuando en la recuperadora de Benavídez y Maradona aseguran que lo máximo que lleva un cartonero al día, en un muy buen día, son 80 kilos de cajas despedazadas, que también escasean en todos lados. Quizás Roberto prefiera resignarse a su realidad de cartón apoyándose en la frase de la canción de Attaque 77: "Al delito yo lo esquivo inventando trabajo en donde no hay y encima de rebote soy la alternativa ecológica, reciclando lo que todos tiran, los desechos de la sociedad".
Martes, 11 Febrero 2014 11:03

Pérdida y recuperación de mi billetera

Por
Por Federico Agüero 
Admito que algunos días soy un poco pesimista, que me gana la tristeza e imagino que el prójimo es un narco delincuente dispuesto a matar a un bebé, o es un funcionario con aspiraciones de empresario que vende lo que sea por enriquecerse. Y quizás es en esos días que estoy más distraído, bajo las defensas porque pienso que todo está perdido y, efectivamente, pierdo cosas valiosas, entre ellas algunas materiales.

El caso es que en esta semana que no hay escuela, mis hijas ya no tienen edad de guardería y no les gusta el agua fría de las mañanas en las colonias, salí con ellas a hacer unos trámites. Las aburrí de caminar de un lugar a otro para pagar y retirar trámites, tanto, que me apiadé de ellas luego de varios ruegos y compre unas facturas y nos fuimos a la plaza de la joroba también bautizada como Hipólito Irigoyen.

Hicimos un picnic corto en un banco y luego ellas fueron a divertirse en lo que queda de los juegos inaugurados en la última campaña electoral. Con un ojo las miraba, con el otro examinaba unas facturas, contaba plata y pensaba en los minutos que tenía para terminar la mañana con todos los casilleros llenos.

De un momento al otro tuve un ataque apuro, las llamé y seguimos viaje a toda marcha. Al llegar a un comercio donde debía retirar un trabajo, quise pagar y noté que no tenía la billetera. Que pedazo de embole, maldije y putié durante un rato, mientras hacia los caminos inversos mirando en todos los rincones de la vereda, los cordones, los bancos de la plaza y los juegos. Luego de un primer momento de pánico tuve dos signos de optimismo espontáneo. Pensé que quizás nunca baje del auto con la billetera, aunque sabía que era más que nada un deseo, el anhelo de una solución mágica para mi descuido.

Cuando pude revisar el auto y dar por tierra con mi ilusión, me atacó el segundo pensamiento optimista. Recordé que en la billetera tenía un billete del “Loto”, con pozo vacante por 79 millones que tenía chances de salir sorteado esa noche al igual que cualquier otro billete. Entonces pensé que perdí los números ganadores, que no podría cobrarlos porque perdí la billetera. Pensé que alguien iba a presentarse a cobrar mi premio y que no tenía forma de comprobar que no era así. Sentí tanta bronca y vergüenza. Iba a pasar a la historia como el gil que perdió los 79 palos. Por eso no le conté a nadie lo que había pasado, llamé a los bancos para dar de baja las tarjetas, por las dudas que, además de gastar mi premio, algún degenerado quisiera sacar mi sueldo y comprar electrodomésticos a precio dólar con mi tarjeta de crédito.

¿Visitar a un homeópata, un psicólogo, un psiquiatra? ¿Con qué energía encarar los trámites que tenía por delante para rehacer el DNI, el carnet de conducir, de la obra social? ¡Perdí los boletos capicúa! En todos estos razonamientos trastornaste me hallaba cuando sonó mi teléfono y era mi viejo, que llamó para contarme que un hombre pasó por su casa, todavía mi domicilio legal, para dejar mi billetera “¿Quién era?” “No sé, como no sabíamos que habías perdido la billetera no le dimos mucha piola pensando que podía ser un engaño, la dejó, se fue y no le preguntamos el nombre”.

Sentí esa alegría que se siente en el cuerpo, se me aflojarontodos los nudos desde la cervical a las pantorrillas, y luego de cortar me dieron ganas de gritar de contarle a todo el mundo la suerte que tuve. En el Loto por supuesto que no pegué ni un número.

Al reencontrarme con la billetera, que tenía todo lo que tenía cuando yo la perdí, me invadió la pena no poder conocer a la persona que me dio tanto en un gesto tan sencillo como devolver algo ajeno encontrado. Tan grande es la mediocridad en la que vivimos que hasta me hubiera parecido bien que tomara algunos billetes, quizás por la molestia de buscar el domicilio y viajar hasta allí, pero no lo hizo, y eso me obliga a partir de ahora en no perder nunca más la fe en mi prójimo y ante cualquier problema salir a buscar a gente que como uno, desinteresadamente, quiere hacer las cosas bien y ser honesto. También voy a cuidar más mi billetera.
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